lunes, 2 de agosto de 2010

Los rabiosos


Echan espuma, echan sangre.

Rabia.

Rabia!

Entre más pienso esa palabra,
más la siento arder por dentro.

Rabia que se esparce como copos de nieve
decorando el villancico de los niños,
reunidos en torno a un fogón de camping,
ellos, los rabiosos,
les escupen borbotones de sangre.

Esa música siniestra,
repleta de todo el terror que ni una infancia
de películas de monstruos pudo proporcionar.
Esa música suena en mi viaje
mientras veo a los rabiosos
blasfemando las vitrinas de tiendas caras,
organizando festines en sus peregrinaciones,
devorando las capas de piel de monjas,
monaguillos,
chicxs scout,
adolescentes rockers cristianos.

Los rabiosos en fuga.

Echan espuma, echan sangre,
sangre y espuma,
ante el glorioso y coagulante ícono de la vírgen Luján.