viernes, 30 de septiembre de 2011

Autobombo




Se agradece el hallazgo a Clara Cattaneo, mi versión altiplana/sueca ya era algo obsoleta. El tema es de Jenny Lewis y se llama See Fernando.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Rubber soul


No es exactamente el tipo de película que desearías ver una noche en compañia de amigos/as buscando terror. Me refiero a un terror escalofriante, con cierta estética pretendida, con algún tipo de guiño o intento de seriedad. O bien una película Clase B o Z con mucho gore, sexo, exploitation y quizás payasos asesinos del espacio exterior. Rubber no presenta nada de eso. Es más bien metacine, un homage al cine sin sentido, sin razones, con todas las arbitrariedades puestas a disposición del público para que se hastíen buscando respuesta o repudiando la inconsistencia de la película.

Rubber, desde el comienzo, se introduce como eso. Telequinesis, asesinato, un argumento improvisado constantemente, policías psycho killers, homenajes varios al cine de terror, al western. Incluso da un pequeño cierne para una historia de amor acosadora entre nuestro querido neumático y una joven brunette que se baña en la habitación 15 del Bates Motel puertas abiertas. 

La interpretración de la audiencia, su participación en una película. Los cuestionamientos, la necesidad de finalizar la película por parte de sus mentores. La inclusión de la audiencia dentro del desarrollo (y final) de la película. El absurdo respecto al guión y seguirlo a tabula rasa. Todo eso, es lo que hace de Rubber una pelícua entretenida, con buen humor y todos apreciamos el buen humor. O si prefieren, una película de un enigmático y desafiante neumático rodando por una ruta desolada buscando víctimas humanas o animales para descargar su maldad. 

Para los fans de Christine, sin dudas es un homenaje del tipo de sinécdoque. Para los pisteros, también. Deberían darle una chance al film de Quentin Dupieux. Al menos se introduce desde un comienzo con la absurda fundamentación de que nada tiene razón y nada merece tener una explicación. Todo es válido, incluso si nada cobra sentido durante 82 minutos de rodaje y tu atención está clavada en las vicisitudes de un neumático todo terreno.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Genos


Recuerdo con total claridad un ejercicio de literartura en 5to año del secundario, encargo de la siniestra profesora Iniesta. Era un trabajo sobre nuestra genealogía. También recuerdo que nunca lo devolvió y no me quedó una copia del mismo. Ni siquiera lo calificó, pero tenía cierta coherencia con el programa de la materia y como revisión sobre nuestra historia familiar.

Nunca le había prestado demasiado interés a la cuestión pero dada la circunstancia, inicié la investigación y para mi sorpresa le encontré un sabor demasiado delicioso y adictivo.

Años atrás mi abuelo materno Norberto, interesado en esa cuestión en sus últimos años de vida, hizo un mapa bastante minucioso de sus antepasados determinando la cantidad exacta de hermanos de su padre, que si bien fueron muchos, pocos resistieron pasar hacia más allá de la infancia. De hecho, su padre nació en Uruguay en un momento que se radicó la familia allá por la fiebre amarilla. Todos sus exhaustivos trabajos sobre el tema, hechos en hojas cuadriculadas con letra clara, firme y prolija, me los legó para que en cierta forma los reconstruya.

Me queda pendiente esa tarea.

Volviendo al trabajo de Iniesta, el lado materno estaba todo resuelto por mi abuelo. Los inmigrantes estaban en mi línea de tatarabuelos y eran en su mayoría genoveses y algunos alemanes. En cambio, por el lado paterno todo era más confuso. Con mi abuela la comunicación ya de por sí siempre fue complicada por cuestiones de falta de tacto de su parte y por el lenguaje propio, mezcla de dialectos con italiano, y al tratarse de reconstruir historias y pasado, todo estaba lleno de lagunas y confusión de nombres, o tergiversación de nombres perdidos entre las traducciones o los campos extensos eslavos. Sin embargo, atiné a resolver en parte el enigma con los datos ausentes.

Recientemente mi padre, a raíz de un trámite legal y lo que eso conlleva, estuvo indagando en certificados de matrimonio de sus familiares. Me pasó parte de la documentación que tendría que llevar a certificar y apostillar y entre instrucciones y sugerencias, me comentó con una leve inquietud que al parecer hubo un incesto, según los papeles.

Resulta que su abuelo, Iván (aka Juan), es hijo de Iván Ghersini y María Ghersini. A su vez, su abuelo se casó con Josipa Kalac. Ambos eran de la misma ciudad, Roć. Tengo entendido que mis abuelos nacieron en Hum, en sí, son todas aldeas medievales bastante pequeñas de la ex Yugoeslavia. Más allá del dato endogámico concreto, quizás se tratase de primos hermanos, hermanos o quién vaya a saber ahora realmente; era parte de la historia de campesinos y poblaciones pequeñas, antiguas y segregadas de las grandes ciudades y de sus asuntos sofisticados. 

Supongo que tengo más material para cuando lleve a cabo el árbol genealógico familiar y profundice un poco más sobre las perversiones familiares, comprendiendo el origen y fuente de las propias. Conociendo un poco más sobre la genealogía del error y de la perversión, para hacer honores a los antepasados, a la sangre.